Recomendados
Jueves 1 de diciembre de 2011

Recomendados de diciembre

Jorge Luis Borges decía: “La lectura debe ser una de las formas de la felicidad y no se puede obligar a nadie a ser feliz”. ¡Cómo me gustaría que todos descubrieran la magia de la lectura! En mí, pocas cosas causan tanto bienestar como leer. No obstante, cada uno de nosotros debe hacer su experiencia y encontrar el libro que lo introduzca en este mundo maravilloso. Es imposible imponer a los demás la afición por la lectura. De todos modos, insisto: si amamos los libros, nunca nos sentiremos solos ni aburridos. Así que, para aquellos que no asocian este período del año (el de las fiestas) con la felicidad, les recomiendo que se pertrechen de una buena cantidad de libros y cosas ricas y verán lo bien que lo pasarán.


Entre mis Recomendados de junio de este año les hablé de la novela Contra el viento del norte, del austriaco Daniel Glattauer, una historia de amor muy original desarrollada exclusivamente a través de mensajes de correo electrónico. Ahora quiero hablarles de la segunda y última parte de este relato: Cada siete olas. Algunos me aseguraron que se aplicaba el refrán: “segundas partes nunca fueron buenas”, y me sumergí en su lectura con esto in mente. Sin embargo, resultó un libro excelente, que conserva el ritmo y la intriga en todas las páginas y que nos mantiene en suspenso hasta el final.

Leo y Emma han terminado muy mal su relación epistolar electrónica en Contra el viento del norte (ya ven que no soy la única perversa en este sentido) y los desafíos que los aguardan en la segunda etapa no son pocos, por lo pronto, restablecer el contacto perdido durante meses. Creo que si disfrutaron del romance tan peculiar de Leo y Emma, no se sentirán defraudados con Cada siete olas. Dato importante: lo leí en dos noches.

Ya conocen mi admiración por la inglesa Edith Maud Hull, que escribió la novela El árabe, que ejerció una influencia determinante en mi vida. Ahora me gustaría sugerirles la obra de otro escritor, también inglés y contemporáneo de Edith: D. H. Lawrence, que vivió entre 1885 y 1930. El nombre de Lawrence se asociaba con el escándalo y la pornografía porque en sus novelas incluía escenas eróticas; al igual que Edith, sufrió la censura. Por supuesto, hoy se lo estudia en las universidades más prestigiosas. De toda la producción de Lawrence, su libro El amante de lady Chatterley es mi favorito: una historia de amor ambientada en la Inglaterra victoriana de principios del siglo XX. 

Acaba de terminar la Gran Guerra, y la vida apacible y acomodada de la joven Constance Chatterley se ve sacudida cuando su esposo regresa paralítico e impotente. Aburrida e insatisfecha, Connie entabla amistad con el nuevo guardabosque de la propiedad de los Chatterley, Mellors, un hombre de baja clase social, hosco y reservado, por el cual Constance empieza a sentirse atraída. Es un relato muy intenso y apasionado, con una descripción impecable de las costumbres rígidas de la época.

Esta novela fue llevada al cine en 1981 con el mismo nombre, El amante de lady Chatterley. La protagonizaron Sylvia Kristel y Nicholas Clay. Está dirigida por Just Jaeckin. En mi opinión, es una gran adaptación del libro porque sabe transmitir lo que Lawrence pretendió destacar en su libro: en primer lugar, el hastío y la frustración de Connie, y, más tarde, el erotismo que nace entre ella y Mellors, sin importar los mundos opuestos de los que provenían.

Una lectora (lamentablemente no me acuerdo de su nombre) me recomendó la novela La casa del propósito especial, y se lo agradezco. Pasé horas muy gratas en compañía de Zoya y Georgi, dos rusos que escapan de su país al estallar la Revolución Bolchevique. Pero antes de escapar, viven los últimos años de la Rusia de los Romanov, y es en esa parte de la novela donde, a mi juicio, radica la belleza de este relato del irlandés John Boyne, el mismo autor de El niño con el pijama a rayas.

Poco conozco acerca de los zares rusos; he oído de sus extravagancias y del lujo al que estaban acostumbrados. Del último zar, Nicolás II, aprendí algo gracias a La casa del propósito especial. Su personalidad afable y la devoción que sentía por su familia (tenía cuatro hijas y un hijo, el zarévich) me llevaron a apreciarlo y a experimentar cariño por él. La manera brutal e inhumana en que él, su esposa y sus hijos fueron asesinados me conmovió profundamente. No se sorprendan si algún día escribo una novela ambientada en la Rusia de principios del siglo XX.

La última recomendación es una novela diferente; por empezar, no sé en qué género encuadrarla: no es romántica, no es de aventura, no es policial. ¿Es de autoayuda? Tal vez. Primero me atrajo su tapa: en ella, había una Torre Eiffel (ustedes conocen mi parcialidad por París). Después, me llamó la atención el título: No me iré sin decirte adónde voy. “¡Qué original!”, pensé. Le di una leída rápida a la contratapa (nunca les doy mucho crédito) y decidí comprarla. No me arrepiento de haberlo hecho. Su autor, el francés Laurent Gounelle, relata mayormente en la voz del protagonista, Alan Greenmor, la extraña, intensa y desconcertante experiencia que éste vivió durante un verano parisino en el que su vida cambió para siempre. En especial, Alan aprendió a vivir sin miedo.

Queridos lectoras y lectores, me despido hasta el año que viene. Espero con ansiedad el comienzo del 2012 y, sobre todo, la llegada de abril, mes de la publicación de la tercera y última parte de mi trilogía Caballo de Fuego, ambientada en Gaza.

MUCHÍSIMAS GRACIAS por haberme acompañado con tanta fidelidad y cariño a lo largo del 2011. Como siempre afirmo, nada de esto sería posible sin el apoyo de ustedes, mis lectores.

multimedia

Archivo